“El que quiera colaborar tiene las puertas abiertas, porque Platense necesita de sus socios....”
Cuando expreso claramente “hipocresía” lo hago
ante la actitud que desde la partida de su patrón, han tomado como relato
masivo, quienes hoy aparentan conducir la institución. “El que quiera colaborar tiene
las puertas abiertas, porque Platense necesita de sus socios”
Estas palabras son fácilmente corroborables a través
de las expresiones de cada uno de los dirigentes que han quedado como residuales,
de una directiva, ya mal nacida el 12 de Diciembre de 2010. Así, esta invitación
que aparentaba sincera y plausible, ha quedado plasmada en cuanto medio les
acercara un micrófono y que seguramente cada asociado tendrá grabado en sus oídos.
Además también, lo rubricó, casi como suplica,
el actual presidente Roberto Soldavini,
en oportunidad de la única reunión informativa realizada cuando accediera a la
presidencia “El que quiera colaborar tiene las puertas abiertas, porque Platense
necesita de sus socios” con el agregado de “no importa la ideología política
que tengan, aquí lo que importa es Platense muchachos” (sic)
Pero da toda la sensación que este relato, tiene
una gran dosis de ficción o bien un extremo de gravedad discriminatoria, ya que
con el paso del tiempo, continúan estos convites, que a la hora del
ofrecimiento, se transforman en un “bueno te llamo”
Quizá hoy inspirado por la fecha, me surge la
necesidad de una confesión, que hasta ahora, guardé en mi intimidad, pero que
hoy proclamo como “Confesión”
Si bien es sabido por quienes me conocen y siguen este blog, no es para nada afectiva mi relación con quienes acompañaran al "representante devenido en presidente", prioricé a PLATENSE y me acerque a el sin rencores ni tapujos.
Una semana después de haberse confirmado la renuncia
del ex presidente, me acerqué al Club, para desearle al flamante titular en
persona “éxitos en su gestión, que no le resultaría fácil” y que a pesar de que
nos conocemos desde la infancia, nunca hemos sido santos de reciprocas devociones,
(así se lo expresé) me ponía a su total disposición para colaborar en aquello
que considere pueda serle útil a la institución.
Sus
palabras fueron, “bueno si déjame
ordenarme un poco y te llamo” Acto seguido, y al observar mi presencia, se apersona la Sra Secretaria General, Beatriz de Rodríguez, a quien le expreso exactamente lo mismo, para
colaborar en secretaría. Pero allí el presidente ya repuesto de mi sorpresiva
propuesta de colaboración, expresó ¡¡¡Ahora hay que esperar dos años y medio!!!
Molesto y algo nervioso por la situación, y
dado que la charla se produjo en la entrada al club, el propio presidente, cerró
la puerta de ingreso y se puso en “condición de portero”, abriendo y cerrando
la puerta ante la salida o ingreso de cada socio, y como diciendo ¡¡¡tomatela
flaco, aquí no tenés cabida!!!!
Y así fue,
ante “el raje” violento que me propinara, me fui de lo que es mi casa y en
donde dejara parte de mi vida.
Hoy en este
desahogo, y enervado cuando algún paracaidista con carnet de directivo, expresa
eso de “están las puertas abiertas….”
me surge la necesidad de dar a conocer este hecho quizá intrascendente para
muchos, pero que difiere en un todo con ese latiguillo del que hacen gala, para
la recuperación de un club a la deriva.
¿Cual es el
problema de mi modesta colaboración de pretender ayudar “ante su propio convite,
en este momento aciago por el que transita el club?
¿Ya estoy
viejo, me falta experiencia en el conocimiento de la institución, o temen que me
aparezca repentinamente algún conejo negro de la galera?
Este ya es
un hecho consumado, no me quita el sueño, ni tampoco me dedicaré en demasía de
prender los ventiladores, como merecerían. Los conocí “chantas” desde el primer
momento y observo que han aprendido muy rápidamente las enseñanzas del maestro hacedor
de falacias.
Por favor,
basta de proclamar eso de que “vengan a colaborar, están las puertas abiertas
para todos….” Aclaren quienes están habilitados, porque ¡¡¡A mi me las cerraron!!!
Si me equivoco
en lo expresado, que el Sr Presidente, por este medio desmienta este hecho que
acabo de narrar y quizá pueda explicar este acto absolutamente “discriminatorio”.
Mario O. Salvo