UN CALAMAR DE SIEMPRE
Quienes lo conocemos, y hemos tenido la
posibilidad de trabajar junto a el, sin ninguna duda podemos afirmar que con
solo cinco dirigentes capacitados para acompañarlo, hoy Platense no estaría
penando ni en lo deportivo ni en lo institucional.
Pero el inexorable paso del tiempo, hace
que los hombres pasen, y no queremos que se olviden
Desde nuestro lugar, podemos afirmar que en
los largos años transcurridos en la vida calamar, han sido muy pocos los
hombres que tanto le han dado a nuestra institución.
Emprendedor, honesto, responsable y con una
vida más dedicada al club que a sus propios quehaceres, Carlos Ernesto Rubial, se transformó en el símbolo de lo que debe
ser un dirigente probo en todo aspecto.
En su juventud como socio, comienza a
mostrar sus condiciones de liderazgo, en el básquet del club. En 1970, cuando la
entidad se caía a pedazos, integra aquella inolvidable Comisión Directiva
encabezada por el Dr. Marino, que se inmortalizara como “la refundación del
C.A.P”.
Allí se integra a la secretaría, como pro
secretario. Pero rápidamente pasa a ser el Secretario General, donde se
convertiría en el gran hacedor de los cambios que imponían las circunstancias.
Platense ya no tenía cancha, ni equipo, y
la sede social estaba en un total estado de abandono. Fue el, quien decidió
reciclar ese patrimonio edilicio, con la mano de obra de todos los directivos y
algunos asociados que apreciaban que el club volvía a resurgir de entre las
cenizas.
En los años `80, su tarea ya como
vicepresidente lo consolidó como el gran dirigente. Platense necesitaba un
predio para sus divisiones inferiores. Su tarea en conseguir el predio de Galván
fue titánica, y recordamos la persecución que ejercía ante los por entonces
ediles de la
Municipalidad , para que se aprobara el proyecto de cesión de
esas tierras. Su presencia en cada sesión del Consejo Deliberante, fue por un
par de años inclaudicable.
En ocasión de aquel recordado torneo de la
muerte, su enorme tarea fue fundamental para el logro obtenido.
En ese año, después de mantener la categoría,
se imponía un lugar para que trabajen dignamente los pibes de las inferiores y
sembrar los plantines del semillero, que tanto le dieran al club. Recorrió
cuanto rincón norteño existiera, hasta que un día descubriera un predio que
fuera un criadero de pollos en Benavides. Allí convenció a sus pares, no con
poco trabajo, adquirir aquel predio hoy intrusado desde 1999. El en persona,
junto a algunos colaboradores, entre ellos el querido Ricardo Otero, fallecido
tempranamente en 1982, se montaron al viejo tractor adquirido, para hacer de
aquello un campo de juego, con sus instalaciones, y lograr la habilitación
oficial como cancha auxiliar.
Después el cansancio, los sinsabores y el
poco reconocimiento de los asociados, lo alejaron del club en su función
activa. Aunque siempre, en toda cancha donde jugara Platense, el allí estaba presente.
Últimamente, integró la comisión de
recupero de Benavides con la actual administración. De lo que estamos seguros,
es que si Carlitos Ruibal, con 20 años menos, ya ese predio sería nuevamente aquel
espacio social que el había soñado para su querido Platense.
El último 25 de Mayo, se le rindió un
merecido homenaje. Aunque sería mucho más lo que merecería este hombre que
tanto hiciera por nuestra institución. Su nombre, hoy en vida, debería ocupar
un lugar en el estadio y porque no “El gimnasio de básquet” el que mucho le
debe a el en su construcción, cuando Platense lograra el ascenso en este
deporte, que fuera su gran pasión.
Carlos
Ernesto Rubial, calamar de Saavedra desde la cuna., es un calamar de siempre. Aunque
muy pocos conozcan hoy todo lo que significaste para Platense, los viejos
calamares que conocimos tu vida, queremos decirte gracias y que las nuevas
generaciones conozcan todos los granitos de arena que aportaste a la Institución que amas.
Esto que resumimos, debería ser motivo de ejemplo para que los jóvenes enarbolen
con pasión y trabajo, aquella bandera que plantara este inigualable dirigente.