Cuando hacemos gala de conocer la historia de Platense, no
lo es por una cuestión de petulancia, como muchos pueden interpretar, es que el
destino, nos puso en ese lugar como segundo paso después de la cuna, y donde poder aprender cual era el significado de aquel espacio, donde nuestros
mayores hacían sus tertulias.
Allí conocimos a todos, muchos ya no están en el mundo
terrenal marrón y blanco, pero si lo están,
para nosotros, en el permanente recuerdo de cada día. Y conocer Platense, para
todo pibe era familiarizarse con los ídolos de aquellos tiempos, que además,
conformaban la gran familia hoy diezmada. ¡¡¡Porque así era Platense!!! Una
familia de socios, hinchas, deportistas y vecinos que vivían y respiraban el mismo aire
Entre esos ídolos imborrables estaba Alejandro Cositorto,
aquel ya viejo para nosotros los pibes, que había sido gloria en el arco
calamar. “CHINGOLO”, era el canchero, el intendente, el protector, el amigo y además “el padre de otro ídolo” que había
nacido en aquella casita en la entrada del estadio, perdida bajo las glicinas
que engalanaban con su estética y aroma el placer de entrar al club.
El hijo de Chingolo, uno de ellos, Francisco Jose, el ídolo del
juego del balón cesto, integrante de los épicos aviones, en las últimas
horas, ha partido al encuentro de los tantos calamares que seguramente, ya en
el cielo, lo estarán recibiendo como se lo merece toda gloria.
A los 86Años, murió
Francisco José Cositorto, y el paso del tiempo inexorable, no le
permitió sortear una situación que lo había alejado de la práctica de su arte
en el deporte, y de sus condiciones exquisitas. Cositorto, por una agresión a
un arbitro fue sancionado por la asociación de básquet a la máxima pena de 99
años de suspensión.
Por esas cosas de la vida, el destino le permitió a este
socio, que hoy reza una plegaria por el, conocerlo más en profundidad. Fue
mi preceptor en la Escuela Industrial
Nº 13, de Loyola y Bompland. Y allí, aquel ídolo que brillara en el polvo de
ladrillo de la vieja cancha de básquet, en el centro del velódromo, se
transformó en el fiel amigo y protector, que hoy nos ha dejado físicamente, pero nunca en
nuestra memoria.
Los Calamaresdesiempre, le hacemos llegar nuestras
condolencias a sus hijos, también, “calamares
de pura cepa”